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Parkour en la infancia y adolescencia

En una época en la que los niños y adolescentes pasan más tiempo frente a las pantallas que en movimiento, es urgente replantearnos cómo fomentar un estilo de vida activo, saludable y atractivo. Y aquí entra en juego el parkour (PK), una disciplina que va mucho más allá de los saltos o las acrobacias espectaculares que vemos en redes sociales.
Este deporte urbano se ha convertido en una poderosa herramienta educativa. Una reciente revisión sistemática exploratoria ha analizado su impacto en niños y adolescentes. Aquí te contamos qué dice la ciencia sobre los beneficios, riesgos y potencial del PK como vehículo para el desarrollo integral de las personas.

 

Beneficios físicos

Uno de los hallazgos más consistentes es que el PK aumenta los niveles de actividad física moderada y vigorosa (MVPA), superando incluso a otras prácticas deportivas en contextos escolares.
Por ejemplo, en recreos organizados con PK, los niños y niñas alcanzaron niveles de actividad física durante el 70–76% del tiempo. Esto es especialmente relevante en un mundo donde la inactividad física es una pandemia silenciosa.
Además, el PK favorece el desarrollo de las habilidades motoras, como el equilibrio, la coordinación, la agilidad y la conciencia espacial. Estas capacidades son fundamentales no solo para el rendimiento deportivo, sino para la vida diaria.

 

Desarrollo cognitivo y funciones ejecutivas

Aunque aún faltan estudios longitudinales, se ha identificado que la práctica del PK estimula funciones ejecutivas esenciales: toma de decisiones, gestión del riesgo, planificación motriz y autocontrol. La interacción con entornos cambiantes y la necesidad de tomar decisiones rápidas favorecen un aprendizaje adaptativo muy potente.

 

Inclusión y participación

Una de las fortalezas más destacadas del PK es su capacidad para incluir a jóvenes tradicionalmente excluidos de la educación física, especialmente niñas o adolescentes con baja motivación hacia los deportes tradicionales.
Las intervenciones escolares basadas en PK mostraron igualdad en la participación entre géneros, rompiendo con la brecha histórica en la actividad física infantil. Además, se observó una alta participación de adolescentes de niveles socioeconómicos bajos, lo que sugiere que el PK puede reducir desigualdades en el acceso a la práctica deportiva.

 

¿Y los riesgos? ¿Es el parkour peligroso?

Aunque el PK tiene fama de ser una actividad arriesgada, los datos no respaldan esa visión alarmista. Es cierto que no se han encontrado estudios que analicen específicamente lesiones en niños o adolescentes practicando PK. Parece que las lesiones suelen estar asociadas a malas prácticas, como falta de calentamiento, progresión inadecuada o carencia de técnica.
La tribu del parkour insiste en la importancia de moverse con conciencia, aprender de forma progresiva y entrenar el cuerpo de forma integral.
Otro aspecto a considerar es el contexto social. Algunos estudios señalan conflictos con autoridades al practicar en espacios públicos, pero esto habla más de la necesidad de crear entornos seguros y regulados que del deporte en sí.

 

Lo que aún no sabemos

La revisión también dejó claro que hay muchas preguntas aún sin responder:

    • ¿Qué impacto tiene el parkour en niños menores de 6 años?

    • ¿Cómo afecta a personas con discapacidad?

    • ¿Qué diferencias hay entre practicar en la calle, en el colegio o en un gimnasio?

    • ¿Puede el parkour transferirse a otros deportes o contextos educativos?

Responder estas preguntas es clave para consolidar el PK como una herramienta educativa. De hecho, cada vez hay más investigaciones sobre ello.

 

Conclusión

El PK es una forma libre de moverse, explorar y crecer, especialmente para las nuevas generaciones que necesitan recuperar el juego y el contacto con el entorno.

 

Muca, J., Freire, K., Pope, R., & Mollenhauer, G. (2025). Benefits and adverse experiences associated with child and adolescent participation in parkour: a scoping review. Journal of Adventure Education and Outdoor Learning, 1–23. https://doi.org/10.1080/14729679.2025.2517048

 


«No dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar».
Bernard Shaw